Saltar al contenido
Diario Extra

Florencio Constantino, el tenor vizcaino que estuvo en lo más alto

mayo 4, 2021


Boulevard Magazine

ARMARIO DEL TIEMPO

EITB MEDIA

Un día más abrimos «El Armario del tiempo». Esta vez buceamos en archivos sonoros para hablar de música con Álvaro Arbina en “Boulevard Magazine” de Radio Euskadi.

Florencio Constantino, un tenor bilbaíno que estuvo en lo más alto a principios del siglo XX. Nació en familia humilde, fue inmigrante en las Américas, trabajó en el mundo agrario, fue encarcelado en Argentina, y tuvo un ascenso fulgurante hacia el éxito musical, tanto que estaba considerado el principal rival del divo Enrico Caruso, ese mítico tenor italiano, probablemente el cantante más popular en cualquier género en los años 1920, y uno de los pioneros de la música grabada. 

Arbina cuenta que, Florencio estaba decidido a echar una mano en la economía familiar, se empleó como acarreador de agua en las minas de Somorrostro. Se dice que ya desde muy pequeño mostraba atisbos de ese talento deslumbrante para la música. Dicen que mataba el tedio cantando a cualquier hora tonadas vascas que retenía con un oído finísimo y tarareaba con entonación perfecta.

Al poco de llegar a Argentina Florencio solicitó un crédito para adquirir maquinaria agrícola y así se trasladó junto con su esposa a la localidad de Bragado, donde arrendó casa. A los dos años, y trabajando como un burro según confesión propia en un medio de la época, la familia quedó libre del débito. Pero entonces las cosas se truncaron: Constantino se vio envuelto en un estallido revolucionario que no fue a mayores pero que sí le llevó a prisión en el país argentino

Al salir, todo cambió. Constantino debía ser payador de romerías, al parecer su única distracción de los días libres. Y en esta tesitura el vasco llamó la atención de todos por su manera de interpretar y llamativa voz. Tanto interés despertó que, cediendo a los consejos de algunos amigos, se trasladó a Buenos Aires, donde el acaudalado tabaquero Manuel Méndez de Andés lo tomó bajo su protección como mecenas. Le sufragó viaje a Milán y estancia y ampliación de estudios y así comenzó su carrera.

En 1909 y 1910 actuó en el Metropolitan Opera de Nueva York y el Teatro Colón de Buenos Aires. Y en 1915 aparece por última vez en Los Ángeles. Y entonces todo se trunca. Su enorme éxito musical, que le llevo a hacerse millonario y a construir un teatro en lujosísimo en la localidad argentina que le acogió, le llevó a beber y a una vida descarriada que le hizo perder la voz. Tras llegar a lo más alto, sin voz casi, con problemas familiares de trascendencia, aquel rival único de Enrico Caruso fue internado en el Sanatorio Lavista de Tlalpam, donde murió en 1919.

 





Source link